Una de las mesas que levantó más expectación en TecnoHotel Forum fue la de reputación online. Y surgió un pequeño debate en torno a la ética. Si los asistentes virtuales ya son capaces de llamar para hacer una reserva, ¿por qué no van a poder escribir comentarios positivos en mi alojamiento o atacar a la competencia? SonTransformación digitaly están a tu servicio. Rafael de Jorge, presente en dicha mesa, introdujo la necesidad de unir ética e inteligencia artificial para no engañar así a los usuarios. En este artículo profundiza en el tema.

—Profesor, ¿estas herramientas son “legales”? —me preguntan últimamente mis alumnos, cuando les instruyo en el uso de bots que automatizan interacciones en redes sociales.

—Legales son, pero éticas dependerá de vuestro uso —suelo responderles.

Y les entiendo perfectamente. Comprendo que cuestionen si es realmente bueno activar un script en sus navegadores, capaz de seguir perfiles, dar likes o incluso publicar comentarios en publicaciones de forma automática.

Por supuesto, que será bueno para incrementar fácilmente tu número de followers, engagement y otras estadísticas de forma exponencial. Pero, también estamos “engañando” al usuario haciéndole creer que detrás de ese “like recibido” hay una persona física cuando en realidad solo hay un robot. Entonces, ¿es bueno o malo? Pues, como canta Pau Donés: depende… Un “depende” muy difícil de definir. Aunque existen ejemplos claros de mala praxis, como el uso de bots por parte del gobierno de Trump en su triunfo presidencial. (Aquí tenéis el informe del servicio de inteligencia de EEUU).

Además, con la creciente integración de la Inteligencia Artificial en nuestra sociedad, empiezan a darse otras situaciones que comportan grandes problemas de resolución ética. Estamos otorgando a las máquinas una capacidad de decisión que afecta a nuestra propia vida. Literalmente.

Hace ya un par de años, vimos como la Inteligencia Artificial en los coches autónomos entraba en conflicto a la hora de decidir a quién salvar en un posible accidente. ¿Conductor o peatón? Aunque parece que Mercedes lo tiene bien claro: ante todo tu seguridad. La del conductor, “claro” está.

Este año, desgraciadamente, ya hemos visto los primeros accidentes mortales con coches autónomos. Y, consecuentemente, ha surgido la duda de la asignación de culpa: ¿Programadores? ¿Copiloto? ¿El coche? Pues parece que aún no está del todo claro.

¿Cómo debemos enfrentarnos a ello?

Lo primero es no temer a la evolución tecnológica. Esto no es más que la repetición de épocas antiguas ante la transformación de la propia vida. “Qué haremos con nuestras yeguas de arado ante esto nuevo que dice llamarse rueda”. ¡Adaptarnos!

Los avances tecnológicos no son malos. Todo lo contrario. Siempre han sido y serán en beneficio de la propia humanidad. Aunque también habrá gente que los use en beneficio propio.

Lo segundo es replantear la ética actual. La cuál no contempla aún, la repentina penetración de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas. Algo que este mismo año empiezan a trabajar las más prestigiosas universidades del mundo, como la de Massachussets, donde lanzan un nuevo Máster en Ética e Inteligencia Artificial (Aquí te dejo el Syllabus). Y también guías sobre ética, como la que acaba de publicar Google para su Inteligencia Artificial.

Y por último, adaptarse. Perder ese miedo lo desconocido, acercarse a él y buscar sus propiedades positivas para nuestros negocios y nuestra vida personal.

Como suelo decir en mis charlas: “La evolución tecnológica no sustituye al hombre, lo hace más fuerte“. Y si no, que se lo pregunten a Steve Jobs (allá donde esté) cuando creó iTunes mientras el resto daba la industria musical por perdida, ante la aparición de Internet y la era de la piratería.

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